Chugchucaras Rosita
Un sabor inconfundible, todos los que van a la sierra centro son tentados a saborear este plato que da identidad gastronómica a Latacunga.
En la calle principal, de entrada a la ciudad, se puede apreciar el restaurante del plato típico, símbolo de la gastronomía serrana, las Chugchucaras.
Y claro, el sabor de las CHUGCHUCARAS ROSITA, es insuperable. En la mente de Rosita hay muchos recuerdos de ilustres visitantes…
Si Quisiéramos conocer la historia de cómo nació, ¿que nos compartiría?
Soy nacida en la calle Quijano y Ordóñez, donde se originó este negocio, frente a la ESPE, actual. Este negocio lo tenemos hace 100 años aproximadamente, con mis bisabuelos, luego abuelos, mis padres, hijas y mis nietas. Somos la cuarta generación.
En la actualidad, solo superviso y veo la calidad del servicio al cliente. Es toda una vida de trabajo.
¿Originalmente, Cómo surgió la idea de este plato?
Me acuerdo que antes incluso se ponían roscas y se servían en platos de tiesto, el ají era con chochos y se tomaba la chicha tradicional. La gente venía incluso desde otras provincias, universidades, mini s ter ios , colegios y turistas. El valor del plato era de 2 sucres, la vida era más barata y hasta se daba “yapa”, en una sola mesa se atendía a todos, por igual.
A mis abuelitas, les preguntaban y no conversaban mucho sobre el tema, antes solamente se atendía los viernes a partir de las 16h00. Desde 1987, abrimos todos los días. Es como hacer una fiesta, hay que preparar en la víspera todos los alimentos.
¿Por qué es tan rico el sabor, cuantos secretos guarda?
Ya nada en la comida es un secreto, todo va a la paila. Además de las 300 libras de carne de chancho. Lo que sí se pone, es un “condimento especial”, y sobretodo: el amor y el cariño y la calidad, para el cliente. Todo debe estar limpio y a punto, para la satisfacción de los paladares exigentes.
¿Y las empanadas?
Son ricas y todos los días se les hacen con prolijidad, y lo más importante de este negocio es estar alegre y contenta. Siempre con cariño, Rosita, como decía mi papá, Rafael Jiménez








